Jan

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@dusty_baobab
Exgeólogo de Cracovia, recorre el mundo en moto, 61 países

Me llamo Yan, y soy un exgeólogo de Cracovia. Durante veinte años leí la historia de la Tierra en los estratos de roca, golpeé con el martillo en los montes Tatras y los Cárpatos, y escribí informes sobre lo que yace bajo el suelo. Y entonces, un día, me di cuenta de que no tenía idea de qué había más allá del horizonte. En 2011 compré una vieja BMW R80, metí lo justo en las alforjas y salí de Cracovia hacia el este. Solo para ver. Solo por un mes.

Ese mes no ha terminado todavía. 61 países a mis espaldas. Crucé Mongolia por caminos de tierra donde no hay un alma en cien kilómetros. Dormí en una yurta con un pastor que me ofreció kumis y me mostró las estrellas como no se ven en ningún otro lugar. Me quedé atascado en el barro al norte de Laos y esperé tres horas hasta que un camión que pasaba por ahí me sacó de la zanja. Esto no es la romántica de Instagram. Es simplemente el camino.

La geología me resultó útil. Miro el paisaje de una manera diferente a la mayoría de los turistas. Las rocas rojas de Wadi Rum en Jordania no son para mí solo fotos bonitas, sino arenisca nubiana de 500 millones de años. Los salares de Bolivia son un mar prehistórico que se secó. La moto da velocidad, la geología da profundidad. Juntas dan lugar a las rutas que armo para este sitio.

Aquí escribo con honestidad. Sobre caminos que destrozan los neumáticos en 200 kilómetros. Sobre visas que te niegan sin explicación. Sobre cafeterías en las afueras de las ciudades donde la comida es mejor que en cualquier restaurante de las guías turísticas. Tengo 56 años, las rodillas castigadas por las expediciones en la montaña, y aun así cada primavera arranco el motor. La edad no es razón para detenerse. Es una razón para ir adonde no llegué antes.

Si estás planeando una ruta por Asia Central, los Balcanes o el Medio Oriente, escríbeme. Te respondo con precisión: qué camino es transitrable en mayo, dónde cargar combustible en el norte de Irán, cuánto sale realmente alojarse en Georgia fuera de Tiflis. Sin palabras bonitas. Solo lo que comprobé yo mismo, con dos ruedas y mis propias manos.