Kamila
Me llamo Camila, y si estás leyendo esto, es porque a ti también te cuesta quedarte quieto en un lugar. En 2019 dejé mi trabajo de oficina en Praga, metí todo en una mochila de 40 litros y compré un pasaje a Santiago. Sin vuelta. Sin planes más allá de tres semanas. Simplemente me di cuenta de que no podía seguir postergando mi vida.
Chile me dio vuelta por completo. Un mes después de llegar, encontré una pequeña granja en la Patagonia donde criaban alpacas, y me quedé como voluntaria cuatro meses. Cada mañana me levantaba a las seis, alimentaba a los animales, arreglaba los cercos, cocinaba junto a la familia dueña del lugar. Internet llegaba dos horas al día. Fue lo mejor que me pasó en la vida.
Las alpacas, por cierto, escupen. Eso no lo dicen en los folletos turísticos.
Desde entonces recorrí más de veinte países. Estuve en el Salar de Uyuni en época de lluvias, cuando el cielo se refleja en el agua y pierdes la noción de dónde está arriba y dónde abajo. Dormí en una casa bereber en Marruecos. Viajé en tren por toda Asia Central con una valija que reventaba de las especias que había comprado. Cada viaje fue distinto. Cada uno cambió algo en mí.
En este sitio escribo con honestidad. Sin fotos bonitas sin contexto y sin consejos que solo funcionan con el presupuesto de una bloguera. Acá vas a encontrar rutas que recorrí yo misma. Errores que cometí y que tú no deberías repetir. Precios, direcciones, sensaciones. A veces con miedo. A veces con risa. Siempre real.
Ahora estoy otra vez en camino. Escríbeme si quieres preguntarme algo concreto, o simplemente si necesitas un pequeño empujón para animarte de una vez y viajar. Te respondo, seguro. Porque hace tres años me faltaba mucho tener a alguien que simplemente me dijera: sí, andate, va a salir bien.